por Heraclio ASTUDILLO-POMBO. Univ. de Lleida (España)
Interpretaciones fabulosas de grandes huesos y relatos legendarios surgidos en algunas localidades del valle del río Tisza (Hungría) (4)
La mítica guerra de los primeros príncipes magiares contra los gigantes (4)
Los "huesos de gigantes" vencidos por los aristocráticos ancestros, expuestos públicamente como trofeos familiares por sus descendientes (2)Algunos casos históricos, hoy conocidos, de los primeros hallazgos científicos de grandes huesos fósiles, en Hungría
Con los primeros descubrimientos científicos de grandes huesos de grandes vertebrados del Pleistoceno húngaro, que resultaron interpretados por personas eruditas, prestigiadas y respetadas, de una forma racional y bastante aproximada a la realidad, la creencia en los llamados "huesos de gigante" empezó a perder credibilidad y respetabilidad. La creencia en los mitos fundacionales magiares y su capacidad de influencia social llegaban a su fin.
Durante los siglos XVIII y XIX las identificaciones científicas de viejos huesos fósiles de megafauna, no fue muy precisa, pues no se disponía de los conocimientos imprescindibles, en aquella época. Pero al menos sirvió para descartar que pudieran ser auténticos huesos de seres míticos.
Desde el inicio del siglo XX, gracias a los conocimientos aportados a la paleontología por la anatomía comparada, se sabe que los supuestos, antiguamente, "huesos de gigante", en realidad, proceden de de grandes animales prehistóricos como el mamut lanudo (Mammuthus primigenius Blumenbach), el rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis Blumenbach), el bisonte de estepa (Bison priscus Bojanus), el ciervo gigante (Megaloceros giganteus Blumenbach) o el alce (Alces alces Linné).
Según relatan algunos geólogos y paleontólogos húngaros, como Kubacska (1928); Csíky (1987); Kádár-Priszter (1992), en sus trabajos sobre la historia de la paleontología húngara, parece ser que el conde italiano Luigi Ferdinando Marsigli (1658-1730), militar, geógrafo, naturalista, geólogo y botánico, fue el primer autor europeo que citó y figuró, aprincipios del siglo XVIII, en una publicación, la existencia de los huesos fósiles de mamut de Hungría.
Grabado representando a Luigi Ferdinando Marsili (1658-1730), retratado con atuendo militar y actitud aristocrática. Imagen: http://badigit.comune.bologna.it/mostre/archeologia/bacheca%203/big/37_ct_01.JPGEn su principal obra sobre el estudio geográfico de la cuenca del río Danubio: "Danubius Pannonico-Mysicus", publicada en 1726, editada en seis volúmenes, presentó cuatro dibujos que representaban cuatro grandes huesos fósiles con el aspecto de típico de mamut (¿Mammuthus meridionalis?). Suponía Marsigli, erróneamente, que aquelos grandes huesos procedían de cadáveres de elefantes de guerra, de los ejércitos romanos. Suponía que habrían muerto ahogados en el transcurso de alguna antigua batalla ocurrida, en las orillas de los dos ríos, en los que se realizó su hallazgo. Según relataba en el texto el propio Marsigli, aquellos enormes huesos de un supuesto "elefante", se los había comprado a unos pescadores de las marismas de los ríos Tisza y Olt.
Cubierta del Vol. 1 de de Danubius Pannonico-Mysicus, de Luigi Ferdinando Marsigli (1658 – 1730). publicado en 1726,
Marsigli ignoraba que aquellos grandes huesos, eran mucho más antiguos de lo que él suponía, muy anteriores a las invasiones romanas. En realidad, se trataba de huesos de animales prehistóricos, relativamente semejantes a elefantes que se habían depositado en los lechos fluviales, secundariamente, pues procedían de las capas cercanas de loess que formaban los márgenes fluviales, en los que se habían depositado originalmente. Una combinación de agentes geológicos externos los habría removido y desplazado desde su depósito primario u original hasta su yacimiento secundario o actual.
La Cuenca Panónica húngara es tan rica en restos óseos fósiles de grandes mamíferos del Pleistoceno que, incluso hoy en día, los pescadores fluviales magiares siguen pescando, ocasionalmente, con sus redes, restos óseos de grandes animales de la Edad del Hielo, especialmente de rinocerontes y de mamuts, lanudos, que yacen hundidos en el lecho de los ríos en los que ejercen su oficio.
En 1810 el pastor luterano János Haan descubrió casualmente los restos de un “elefante primitivo” en un barranco de la localidad de Sámsonháza. Haan informó del hallazgo al vicegobernador del condado de Nógrád, quien envió un subcomité para examinar el fósil y autorizar su excavación. Primero, se excavaron los colmillos que sobresalían de la ladera del barranco. También se desenterró el cráneo, junto con la base de los colmillos, y dos o tres fragmentos de los molares que fueron enviados al Museo Nacional, siguiendo las instrucciones del Consejo del Gobernador.
Retrato de János Haan, en una pintura conservada en los Archivos de la Iglesia Evangélica de Békéscsaba (Hungría)Debido a una excavación poco cuidadosa, los huesos, ya de por sí frágiles y casi blancos —como el colmillo de 2,5 metros y el cráneo de aproximadamente 1 metro de largo, se rompieron en pequeños pedazos. En 1851, Haan informó detalladamente sobre la colección a János Salamon Petényi (1799-1855), supervisor de la colección zoológica del Museo Nacional. Haan obsequió a la familia Kubinyi uno de los “hermosos molares” del elefante prehistórico de Sámsonháza que él mismo había encontrado y excavado en 1810.
El naturalista y pastor luterano János Salamon Petényi, (1799-1855) fue el primer investigador húngaro en abordar el estudio de restos fósiles de vertebrados autóctonos con un objetivo específico. Este erudito, que poseía una perspectiva sorprendentemente moderna, un excelente criterio y amplias conexiones internacionales, no solo fue el pionero y «fundador de la ornitología científica húngara», sino también el primer investigador verdaderamente cualificado en el campo de la paleontología de vertebrados de Hungía.
En 1834 fue nombrado miembro del departamento de historia natural del Museo Nacional Húngaro, por méritos propios. En 1837 durante su actividad como paleontólogo, logró obtener para el museo grandes huesos vertebrales recogidos en los lechos de los ríos cercanos a la localidad de Prešov.
Grabado representando al paleontólogo y pastor János Salamon Petényi, realizado en 1863
En 1843, en la cuarta reunión general de médicos y naturalistas húngaros, celebrada en Timisoara, ganó un premio honorífico en reconocimiento al mérito de su trabajo científico sobre los trabajos de recuperación de grandes huesos fósiles, titulado «Los yacimientos húngaros de huesos de animales prehistóricos y su recuperación». El punto de inflexión en la historia de la paleontología de vertebrados en Hungría fueron los viajes de Petényi a Beremend desde 1847 a 1850 con el propósito de recolectar grandes huesos fósiles.
Usos actualmente conocidos de la antigua exhibición pública de grandes huesos prehistóricos, en ciertos edificios importantes, en diversas localidades de la antigua Hungría
Algunos casos son conocidos por haber sido relatados o citados por ciertos geólogos o paleontólogos húngaros en sus escritos.
El notario, juez, político, geólogo y paleontólogo húngaro Ferenc Kubinyi (1796-1874), escribió en 1855 en una publicación suya : "Durante la época medieval, renacentista e, incluso más tarde, durante la época barroca, difícilmente se podía visitar una fortaleza, castillo, o incluso monasterio, de prestigio en Hungría, cuyas puertas principales no estuvieran decoradas con huesos de patas, cráneos, vértebras, costillas, mandíbulas, muelas o colmillos, extraordinariamente grandes.
Grabado moderno representando a Ferenc Kubinyi en atuendo común y actitud tranquila
Este tipo de huesos colosales, entonces, eran considerados como auténticos restos óseos de personas reales de un tamaño extraordinariamente grande. Se creía que aquellos huesos enormes habían pertenecido a unos seres enormes, semejantes a los humanos, llamados gigantes. Esta particular costumbre estuvo muy vigente en la antigua Hungría, en los tiempos de la caballería, que fueron especialmente supersticiosos ". Este tipo de costumbre estuvo especialmente vigente y extendida en Hungría, durante el periodo histórico comprendido entre los siglos XII y XIV, manteniéndose viva, con menor vigor, hasta el siglo XIX.
Presumiblemente la interpretación y valoración del hallazgo fue realizada por Kubinyi, apareciendo en una publicación de homenaje póstumo al paleontólogo Janos Petényi, en 1864: “El hallazgo del "elefante primitivo" Sámsonháza, en 1810, por János Haan, fue anunciado en los periódicos de todo el país. Considerando la historia de la paleontología de Hungría, esta información fue un hecho notable, en aquel tiempo, porque ya habían sido encontrados restos de "elefantes" prehistóricos en el lecho del río Tisza, en tiempos antiguos, pero que en aquella época se exhibieron como "huesos de gigantes" en las puertas de castillos, mansiones nobles y monasterios, e incluso se conservaban en el interior de algunas bibliotecas o casas particulares, siendo exhibidos como rarezas especiales. Pero hasta ese momento no existía ningún caso de huesos que se hubieran encontrado enterrados bajo tierra y que se hubieran rescatado de allí. Podemos afirmar con seguridad que este "elefante" prehistórico fue el primero en ser excavado en Hungría, y cuya ubicación y autenticidad fueron comprobadas con precisión y puestas en primer plano en el mundo científico.” (Kubinyi, 1864. 94.)
El geólogo y paleontólogo húngaro András Tasnádi Kubacska (1902 –1977) en uno de sus estudios dice: "Antiguamente, los grandes huesos de ciertos animales prehistóricos, por un gran error de identificación, por haberlos supuesto como auténticos restos de los gigantes legendarios a quienes se había otorgado una existencia real e histórica, se creyó que eran verdaderos despojos de gigantes antiguos. Fueron colgados en las puertas de las iglesias, encadenados sobre las puertas de los castillos y, también, en la pared de las salas en las que los caballeros celebraban sus reuniones." Esa creencia errónea y las costumbres supersticiosas asociadas a ella, fueron frecuentes en Hungría y también en algunos otros varios países centroeuropeos de su entorno.
András Tasnadi Kubacska también comenta, en un escrito de 1928, que "el viejo fémur de mamut que estuvo colgado mucho tiemo tras la puerta principal del ayuntamiento de Pásztó, había sido recuperado, en 1845, cerca de la localidad de Szolnok, de las orillas del río Tisza. Siendo enviado, posteriormente, al Museo Nacional Húngaro, como regalo del juez Mihály Szabó y del secretario Antal Kovács, en nombre de ayuntamiento de aquella localidad. Actualmente el hueso fósil se conserva en el Museo de la Tierra y de las Criaturas Antiguas, dependiente del Museo Húngaro de Ciencias Naturales.
Aspecto del fémur de mamut encontrado en el río Tisza y posteriormente exhibido en el ayuntamiento de Pásztó, cikgado de una cadenasegún una fotografía de Tasnádi Kubacska de 1928 (Lámina V.) cuando estaba expuesto en el Museo Húngaro de Historia Natural. Imagen: Különös kövek, csodás csontok. Kilenc dolgozat a népi geológia köréből (Piedras extrañas, huesos maravillosos. Nueve artículos del campo de la geología popular)
Los supuestos "huesos de gigantes" vencidos, generalmente, consistían en grandes restos óseos fósiles pertenecientes a grandes mamíferos prehistóricos de la Edad del Hielo, habitualmente, eran huesos de mamuts o de rinocerontes, lanudos. En siglos pasados, la posesión de este tipo de huesos fósiles aportaban prestigio social, pues implicaba una supuesta derrota y humillación de un poderoso y feroz gigante antiguo. Esta creencia falsa motivó que se mantuvieran expuesto públicamente en ciertos edificios importantes de diferentes localidades del antiguo territorio de Hungría. Con el cambio de fronteras, posterior a las dos grandes guerras europeas, ha resultado que algunos de aquellos lugares de la antigua Hungría, actualmente, ya no están situadas en los territorios de Hungría, sino en los de Eslovaquia (Tierras Altas) y Rumanía (Transilvania).
Según A. Kubacska el "hueso de gigante" que se muestra en la fotografía, sujeto con un artefacto de hierro para facilitar su suspensión, era el fémur de un rinoceronte lanudo de la Edad de Hielo, Coelodonta (Tichorhinus) antiquitatis. Hasta pocos años antes de 1928, era exhibido en el ayuntamiento de la ciudad de Győr, en el oeste de Hungría, anteriormente estuvo expuesto en la puerta principal del castillo de la ciudad. Posteriormente fue donado por el municipio al Museo Nacional de Hungría, en Budapest.Aquellas enormes reliquias óseas del pasado lejano que se exhibieron colgadas en los muros, suspendidas o sujetas por medio de unas fuertes correas o gruesas cadenas de hierro. Enormes huesos fósiles de diferente naturaleza zoológica se mostraron, generalmente, suspendidos en puntos elevados para que resultaran fácilmente visibles. Fue muy habitual colocarlos sobre las puertas principales de entrada, unas veces en el interior del edificio (castillo, palacio, iglesia, etc.) y otras en el exterior, también se colocaron en el exterior de ciertas edificaciones (puerta de muralla o de torres). En otros casos, los grandes huesos fósiles, de función emblemática, se expusieron en ciertas piezas interiores, dedicadas a un uso específico, como fueron las salas de reunión de los caballeros nobles. Con la caída del viejo mito fundacional magiar, su antiguo prestigio se se devaluó y su función se desvaneció, por lo que posteriormente algunos de aquellos huesos emblemáticos, de uso nobiliario, fueron desplazados a lugares menos aristocráticos, de uso civil o cultural, como ayuntamientos, gabinetes de Maravillas de la Naturaleza, museos de Historia regional o museos de Ciencias Naturales, bibliotecas privadas, etc.
Continuará
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