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jueves, 1 de marzo de 2018

El registro fósil en la heráldica municipal europea (22)

por Heraclio ASTUDILLO-POMBO,  Universitat de Lleida.


Blasones municipales, de algunas localidades europeas que se muestran orgullosas de su patrimonio paleontológico. (Continuación, parte veintiunava).


El gigantesco tronco fósil de Pinuxylon, del Mioceno, de Ipolytarnóc (Hungría) (3ª y última Parte)


Historia y circunstancias del expolio, destrucción y casi desaparición del tronco petrificado del árbol gigante de Ipolytarnóc

La mayoría de las actividades extractivas causantes de la mayor devastación del tronco fosilizado de Ipolytarnóc se iniciaron en el año 1836, coincidiendo con la divulgación de su descubrimiento científico. Las noticias sobre el excepcional descubrimiento publicadas por los principales medios de comunicación de la época, produjeron un efecto de llamada, para los expoliadores de toda Europa y de algún otro continente, acudiendo hasta la localidad de Ipolytarnóc. Una multitud de expoliadores de toda condición, formación y con diversas intenciones visitaron durante años el barranco de Borókás, atraídos por la singularidad y la magnificencia del hallazgo y todos querían obtener su preciado trofeo desgajando un pedazo más o menos grande del tronco fosilizado que yacía al alcance de todos. 

Grabado antiguo, publicado en 1850, cerca de la época de su hallazgo científico y primeros estudios. En la parte inferior se ha representando el tronco petrificado del árbol gigante de Ipolytarnóc, en su entorno natural. Atravesado sobre el barranco del torrente de Borókás, con algunas personas situadas cerca del portentoso fósil. Dibujo original de Marko Karoly, realizado hacia 1840. (Foto: Veronika Bokor )
Imagen:
5 Minutos de geología


Los habitantes locales y comarcales recogieron fragmentos del tronco petrificado para poder usarlos como llamativos detalles arquitectónicos de adorno, encastrados 
en los muros de piedra de las nuevas construcciones que estaban realizando. Otros propietarios locales, tomaron fragmentos de mayor tamaño que luego usaron como adornos curiosos en sus jardines particulares. Los recolectores locales más humildes y prosaicos recolectaban fragmentos pequeños para elaborar con ellos prácticas piedras de afilar. 
Enjambres de forasteros supuestamente "coleccionistas de recuerdos" se presentaban en tropel y rompían en pedazos pequeños los grandes fragmentos con los que poder elaborar exóticos "souvenirs" que luego pensaban ofrecer y vender a compradores caprichosos y coleccionistas de lugares lejanos.

Secciones pulidas de troncos petrificados de árboles prehistóricos, hallados en el barranco Borókás y expuestas en el Parque Paleontológico de Ipolytarnóc. Arriba, a la derecha, la sección vertical de un tocón fósil, mostrando el veteado característico de la madera silicificada, y abajo, a la izquierda, la sección horizontal de un tronco, mostrando los anillos concéntricos de crecimiento anual. Fotografía original de Robert Németh
Imagen:
Paleontological ehxibition site


El curioso aspecto de la piedra en que se había convertido la madera fósil, lisa, dura, reluciente y hermosamente veteada, estimuló la creatividad y fantasía comercial de los lapidarios de la región, de tal modo que el tronco petrificado se convirtió en una mina a la que acudían para extraer grandes fragmentos de aquella piedra tan rara y atractiva, destinados a elaborar unas originales y valoradas lápidas funerarias con las que decorar las tumbas de gente adinerada. 
Además también se sumaron los recolectores especializados en objetos naturales para uso museístico que por encargo de diversos museos europeos y americanos, visitaron el lugar del hallazgo y con sus recolectas contribuyeron a la destrucción del magnífico y raro ejemplar paleontológico.

Dándose cuenta de la grave situación de expolio masivo e imparable que afectaba a la conservación del tronco fósil, Ferenc Kubinyi inicialmente, pensó que la mejor solución sería aplicar con urgencia el sistema de la protección de los restos fosilizados “ex situ”. Varias grandes porciones del gigantesco tronco petrificado que restaban al descubierto, fueron extraídas del yacimiento, arrastrándolas fuera del barranco por medio de un sistema de cables y poleas accionado por un tiro de 11 pares de bueyes. Luego, los grandes fragmentos del tronco se rompieron en grandes pedazos y los numerosos fragmentos resultantes fueron transportados hasta diverso museos privados, relativamente cercanos con la intención de que los restos del tronco petrificado fueran conservados en territorio húngaro.

Grupo de geoturistas actuales, situados ante uno de los venerables fragmentos del tronco fósil gigante de Ipolytarnóc, hallados en el barranco de Borókás. Están escuchando atentamente las expertas y didácticas explicaciones del guía de la visita paleontoturística a las instalaciones del Parque paleontológico de Ipolytarnóc. Fotografía de Robert NémethImagen: Paleontological ehxibition site 


 Hacia 1860, Ferenc Kubinyi tras más de dos décadas observando los estragos que sobre los restos fósiles del árbol gigante  seguían causando las variadas y masivas formas de explotación minera desenfrenada, quiso proteger "in situ" aquellas partes del tronco fósil del árbol gigante que resultaban más accesibles y por lo tanto más amenazadas de expolio. Puesto que como en esa época no había ninguna ley que protegiese aquel patrimonio natural que aún permanecían en el lugar y al alcance de los excavadores, ya habían sido desenterradas y puestas al alcance de la legión de expoliadores que estaban extrayendo innumerables porciones de la atractiva roca con destino a sus diversos aprovechamientos. 
Con su razonada y persistente insistencia, Ferenc Kubinyi consiguió que los responsables de la Academia Real y del Museo Nacional dieran los pasos necesarios para que en 1866 se construyera un sólido edificio de bloques de piedra arenisca, obtenida en ese mismo lugar, sobre los restos que aún quedaban del tronco fósil, con la finalidad de albergar, proteger y conservar lo que aún quedaba del gigante fósil. Gracias a esta operación se descubrió que esta masa de roca arenisca contenía multitud de dientes fósiles de tiburones, innumerables impresiones fósiles de fragmentos de plantas y numerosas huellas fósiles de pisadas de mamíferos prehistóricos.
Algunos años más tarde, viendo Ferenc Kubinyi que no se detenían las variadas formas de devastación ejercidas sobre aquellos restos del majestuoso y venerable tronco del árbol gigante fósil porque habían quedado fuera de la construcción protectora y porque eran los más superficiales y por lo tanto más susceptibles de ser fácilmente excavables y expoliables, consiguió que fueran recubiertos de una gruesa capa de piedras y tierra "para evitar que los restos que quedan sin protección caigan en manos de expoliadores o que sean presa fácil de vándalos, ya que ambas acciones lamentables, son muy comunes en este país en nuestra época."

Todas las acciones extractivas ejercidas sobre los restos fósiles del tronco del árbol gigante que se han mencionado en entradas anteriores, mantenidas durante varias décadas de forma muy activa, contribuyeron a que el singular fósil llamado "tronco gigante petrificado de Ipolytarnóc" se fuera fraccionando, trasportando y desapareciendo paulatinamente del yacimiento, porque sus innumerables fragmentos iban siendo trasladados lejos del lugar de su afloramiento original. Solamente se conservaron aquellas parte que permanecían profundamente enterradas en el terreno.
Desafortunadamente para la preservación del famoso tronco del árbol gigante petrificado de  Ipolytarnóc, los denodados esfuerzos realizados por Ferenc Kubinyi, para llevarse lejos del barranco del Enebro, las partes más expuestas y frágiles del tronco gigante no surtieron demasiado efecto. Tampoco sirvió de mucho la construcción de un edificio protector en 1866 para albergar y conservar a las partes restantes, puesto que aquel primitivo edificio considerado como la última oportunidad de ofrecer un refugio efectivo para la protección de lo que aún quedaba del árbol petrificado, resultó destruido dos décadas después, durante una revuelta popular armada en el inestable y violento imperio austro-húngaro de la época, quedando nuevamente desprotegidos frente las variadas e insidiosas formas de expoliación y de vandalismo de las que se le pretendía defender. 
Como la zona del Barranco del Enebro, no fue declarada oficialmente como Reserva de Patrimonio Natural de interés científico e histórico hasta el año 1944, el expolio se mantuvo activo hasta ese mismo año, reduciéndose significativamente los restos fósiles del tronco del árbol gigante de Ipolytarnóc conservados en el lugar. A partir de ese año, la protección del gobierno estatal, permitió conservar lo que quedaba y ponerlo en valor.

Entrada al moderno edificio del Museo de los Fósiles de Ipolytarnóc, en el que se conservan y exponen los restos del gigantesco tronco de árbol petrificado de Ipolytarnóc. También se conservan y exponen muchos otros restos  como son las impresiones vegetales fosilizadas, las huellas fósiles de pisadas de mamíferos o los dientes fósiles de tiburones hallados en la misma localidad.
Imagen: Ipolytarnóci Ősmaradványok 


El tronco  petrificado del árbol gigante de Ipolytarnóc, en la actualidad

Hoy día solamente se conservan tres grandes fragmentos de aquel admirable, legendario, primitivo y gigantesco tronco de árbol petrificado, pero nada comparable con lo que era en la época de su descubrimiento. Los restos del tronco fosilizado del árbol gigante se mantienen protegidos de la acción destructiva de la intemperie y de la acción depredadora de los expoliadores profesionales y aficionados, en un moderno edificio de reciente creación, en el que están expuestos a admiración de los numerosos visitantes del Geoparque. También se conservan y exponen muchos otros restos como son las impresiones vegetales fosilizadas, las huellas fósiles de pisadas de mamíferos o los dientes fósiles de tiburones hallados en la misma localidad. Los restos del tronco fosilizado se muestran en tres espacios distintos de las instalaciones del Parque Paleontológico de Ipolytarnóc. La parte actualmente conservada que corresponde a la zona basal del tronco gigante, está expuesta en una sala subterránea, mientras que la parte conservada que corresponde a la zona central del tronco, está expuesta en una sala de la planta baja y la parte que corresponde a la parte culminal del tronco,  que fue  hallada hace relativamente muy pocos años, en 1994, cuando se excavaba el terreno para construir los fundamentos y la planta subterránea del futuro edificio del museo, está expuesta en la zona entrada y de recepción de los visitantes del museo.
En un almacén subterráneo, también se conservan numerosos fragmentos, relativamente pequeños, procedentes de diferentes partes del tronco que han sido recuperados durante los últimos años como donaciones (devoluciones) de los herederos de los antiguos recolectores y primeros propietarios privados, a la espera de poder restaurar con ellos, algunas partes hoy ausentes.
Por supuesto, del venerable y gigantesco tronco petrificado, actualmente también se conserva su representación simbólica en forma gráfica e idealizada, en forma de icono heráldico, en el escudo cívico del municipio y en la imaginación de todas aquellas personas que conocen las leyendas populares surgidas a su alrededor, aquella que está más relacionada con el tronco petrificado, ya fue mostrada aquí en la entrada del 17 de agosto de 2017.


Fuentes:

- Anónimo. Ipolytarnoc fossils. Wikipedia
- Anónimo. Ipolytarnóc. Wikipedia
- Anónimo. Ferenc Kubinyi. Wikipedia
- Anónimo. Ipolytarnoc, National and Historical Simbols of Hungary
- Anónimo. Ősmaradvány mítoszaink. Ipolytarnóci Ősmaradványok.
- Anónimo. Ősvilági Pompeji. Aktív turizmus

- Anónimo. A kövesedett fa matuzsálem (the petrified tree). Osmaradvany-mitoszaink
- Anónimo. La Reserva Natural de Fósiles de Ipolytarnóc. Wikipedia  
- Elter, Thomas. 2015. Ipolytarnóc, a palóc PompejiTurista Magazin
- Fözy, István & Szente, István. 2013. Bridge over Time: A 50-Meter-Long Giant Fossil Tree Trunk in Fossils of the Carpathian Region. Indiana University Press 
- Kubinyi, Ferenc. 1842. "Nógrádmegyében Tarnóczhelység határában találtató óriásnagyságu kövesült fárol és azt környezó kónemekról földisméreti tekintetben"
- Tranquillius. 2015. Ipolytarnóc: 5 perc geologia miocen park. Pangea


domingo, 24 de septiembre de 2017

El registro fósil en la heráldica municipal europea (21)

por Heraclio ASTUDILLO-POMBO,  Universitat de Lleida.


Blasones municipales, de algunas localidades europeas que se muestran orgullosas de su patrimonio paleontológico. (Continuación, parte veinteava).


El gigantesco tronco fósil de Pinuxylon, del Mioceno, de Ipolytarnóc (Hungría) (2ª Parte)


Historia y circunstancias del descubrimiento científico del árbol petrificado


El descubrimiento científico del portentoso ejemplar de tronco fosilizado del árbol gigante de Ipolytarnóc, se llevó a cabo por el aristócrata, jurista, arqueólogo y paleontólogo Ferenc Kubinyi. Quien había acudido hasta la localidad de Losonc en el año 1836, después de haber sido avisado de la existencia del portentoso fósil por un conocido suyo, quien le había informado del sorprendente afloramiento del gigantesco tronco petrificado. Desde ella se desplazó hasta el barranco de Borókás para su primeras observaciones.  

Retrato de Ferenc Kubinyi en la época en que realizó los primeros estudios del tronco fósil de Ipolytarnóc
Imagen: Wikipedia

La diligencia de Ferenc Kubinyi y la premura de su visita resultarían providenciales para el conocimiento científico del enorme ejemplar paleontológico, pues le permitió iniciar la investigación científica mucho antes de que el singular fósil fuera conocido muy lejos del lugar del hallazgo, por mucha gente sin ninguna sensibilidad conservacionista. En ese mismo año de 1836 ya se había iniciado la ávida explotación del atractivo material silíceo de que estaba constituido el tronco fósil de Ipolytarnóc, a pequeña escala. Con el paso de los años las actividades extractivas ejercidas sobre el tronco fósil resultaron ser demasiado devastadoras como para poder haber llevado a término su estudio científico, algunos años más tarde.Las primeras actividades de investigación y excavación científica del gigantesco tronco fueron dirigidas por el mismo Ferenc Kubinyi, luego, sus implicaciones políticas y militares, en revueltas nacionalistas, producidas en el seno del decadente y complicado imperio austro-húngaro, de aquella época, le obligaron a apartarse del estudio científico e incluso a exiliarse.
En 1842 publicó un trabajo titulado "Estudio de un tronco gigante encontrado en la vecindad de Tarnószenthely, en el condado de Nógrád, en términos de magnitudes tridimensionales y en relación con los materiales geológicos circundantes" en el que daba cuenta de todas sus observaciones geológicas y paleontológicas, centradas exclusivamente en el estudio del tronco fósil gigante. En este estudio, Ferenc Kubinyi mencionaba que los fragmentos del tronco gigante desplomado sobre el torrente de de Borókás y fragmentado en dos grandes porciones y otras más pequeñas, reunidos medían en total unos 40 m. de longitud y unos 3 metros de diámetro. Ferenc Kubinyi denominaba al tronco fósil de Ipolytarnóc con el oscuro y vago nombre de "Petrefactum giganteum Humboldi". Este oscuro nombre genérico, impuesto por Ferenc Kubinyi, entonces ya resultaba anticuado para la época, debido a su imprecisión biológica y opacidad botánica, pues solo hacía alusión a ciertas características muy superficiales de su aspecto externo, pero no precisaba su naturaleza biológica, ni su clasificación botánica. Además de que el nombre específico no aludía a nada relacionado directamente con el fósil, sino que aludía al gran naturalista y explorador alemán, Alexander von Humboldt, por el que Ferenc Kubinyi sentía una profunda admiración y a quien quería homenajear de esta manera.

En la Academia de Selmecbánya, precursora de la Universidad de Dunaújváros, en Banská Štiavnica (Eslovaquia), se analizó la composición química de la madera petrificada, a partir de unas muestras procedentes del árbol de Ipolytarnóc que había aportado Ferenc Kubinyi. Resultando que el material que constituía el tronco del árbol gigante de Ipolytarnóc, estaba compuesto por sílice (86,00%), agua (9,22 %),  carbono (2,78 %), arcillas (1,32%) y otras diversas substancias residuales (0,54%). Se trataba de madera silicificada por un proceso de substitución de la materia orgánica del tronco por sílice disuelta en el agua de infiltración, procedente de la mortaja de toba volcánica que lo recubría.

Representación didáctica de la erupción del Vesubio del año 79 d. C., en un grabado de George Julius Poulett Scrope de 1822, basada en la descripción que hizo de ella Plinio el Joven, en una carta dirigida a Tácito. Este tipo de erupciones reciben su nombre científico en honor a Plinio el Viejo, tío de Plinio el Joven, que falleció en dicha erupción, por haberse acercardo demasiado al volcán para realizar observaciones detalladas. Esa misma erupción sepultó la ciudad de Pompeya.
Imagen:
Wikipedia


Distintas investigaciones geológicas y paleontológicas realizadas por diversos investigadores, con posterioridad a las realizadas por Ferenc Kubinyi, permitieron descubrir diversos aspectos relativos a la identidad botánica del gigantesco tronco del árbol de Ipolytarnóal, así como conocer mejor las condiciones ambientales y habitantes del lugar, en tiempos anteriores, simultáneos y posteriores al de su caída y enterramiento.
En 1865, el geólogo húngaro e ingeniero de minas y miembro de la Academia de Ciencias de Hungría, József Szabó, determinó la edad de los materiales que rodeaban el árbol fosilizado, como característicos del periodo Mioceno. Según sus estimaciones la erupción volcánica que había matado, derribado y enterrado al árbol de gran longitud que había excavado Ferenc Kubinyi, 30 años antes se habría producido hacía aproximadamente 11,5 millones de años

En 
1889, el paleobotánico húngaro Móric Staub, partiendo de los datos de las mediciones obtenidas durante la excavación realizada por Ferenc Kubinyi, corrigiendo los efectos de la deformación ocasionada por el aplastamiento sedimentário, estimó que el árbol gigante tendría en la base un perímetro circular de unos 8 m.


Aspecto de la imagen microscópica de un corte del tejido fosilizado del troncos del árbol gigante de Ipolytarnóc, según un dibujo coloreado de János Tuzson de 1901. Su comparación con el de otros permitió su primera identificación cientifica verdadera.
Imagen: Restos fósiles de plantas cenozoicas

En 1901, el paleobotánico húngaro János Tuzson empezó a examinar al microscopio  láminas finas sacadas de secciones del tronco del árbol fosilizado de Ipolytarnóc y comparándolas con las de diversos tipos de árboles prehistóricos. De la comparación realizada pudo determinar que los tejidos vegetales fosilizados parecían ser representativos de una conífera y más concretamente de alguna clase de pinos fósiles, puesto que no era representativa de ninguna especie de pino reciente o viviente en la actualidad. Como el nombre científico que le había impuesto Ferenc Kubinyi no tenía ninguna validez científicaJános Tuzson lo denominó Pinus tarnócziensis, el nombre específico aludía al lugar donde fue hallado el árbol fosilizado

En 1935, el paleontólogo austriaco Othenio Abel, denominaba a la zona fosilífera del barranco de Borókás, " Pompeya prehistórica magiar " en una publicación de investigación paleontologíca de renombre mundial, aludiendo a la gran cantidad de impresiones  de plantas y de huellas de vertebrados terrestres, sobrenombre que aún se conserva en la actualidad. 

En 1954, el botánico húngaro Greguss Pal empezó a observar al microscopio, secciones finas de los tejidos fósiles del árbol de Ipolytarnóc y comparándolas con las de otros árboles fósiles, de antigüedad semejante. Cuando en 1967 las comparaba con las muestras de un árbol gigante fosilizado hallado en Penthatlón (Grecia), llamado Pinuxylon lambertoides, apreció un gran parecido entre ambas. Basándose en las similitudes en la estructura histológica y en el extraordinario tamaño de ambos ejemplares, decidió realizar un cambio en la identificación y denominación genérica, de modo que cambió el nombre nombre científico, pasando a denominarlo Pinuxylon tarnocziense, nombre científico que aún conserva en la actualidad.

En unas excavaciones realizadas en la década de 197o se hallaron nuevos fragmentos de la parte alta del tronco gigante que permitieron estimar que aquel árbol "en posición de vida", debió haber alcanzado algo más de 60 m. de altura. En 1985, mientras se realizaban las obras de construcción del Parque Paleontológico de Ipolytarnóc, al realizar la excavación de de los cimientos y el sótano de uno de los edificios de exposición de las colecciones de fósiles, se halló la parte correspondiente a la copa del árbol gigante de Ipolytarnóc, con esta nueva porción, añadida a las anteriores la altura total del árbol gigante de Ipolytarnóc ya alcanzaba los 90 m. de altura. Pero como no se han hallado nuevos fragmentos del árbol gigante de Ipolytarnóc, correspondientes a la base del tronco desde finales del siglo XIX, en que se había estimado que la base del tronco gigante, debió medir unos 8 m. de perímetro y 3 m. de diámetro, nada ha hecho variar esos datos.


Restos de lo que queda de una de las grandes porciones del tronco fósil del árbol gigante de Ipolytarnóc, en la actualidad, expuestos en una de las salas de la exposición dedicadas divulgar el patrimonio del sitio paleontológico. 
En la pared gris del fondo, tras el guía que explica a los visitantes cada una de las diversas paradas ilustrativas a lo largo del itinerario didáctico, se puede ver dibujada en negro una gran circunferencia de 3 m. de diámetro para visualizar y comparar el perímetro que tenía el tronco fósil, en la zona de la base, cuando fue descubierto por Ferenc Kubinyi en 1836.
Imagen: Restos de árboles fósiles

También se pudo saber que su caída había estado provocada por una gran erupción volcánica que había destruido por completo todo un bosque subtropical, prehistórico, del cual el árbol gigante de Ipolytarnóc formaba parte integrante y que este suceso catastrófico había sucedido casi 20 millones de años antes. Todos los árboles que constituían aquel bosque subtropical prehistórico fueron derribados al mismo tiempo y en la misma dirección, por efecto de una fuerte explosión volcánica. Debido a su gran violencia, tuvo que haberse producido en algún lugar bastante cercano, pues por efecto de la onda expansiva todos los árboles de aquella zona fueron derribados, quedando tumbados casi horizontalmente debido a que la superficie del terreno arrasando debía ser muy llana. Poco después una gran nube de cenizas volcánicas ardientes se precipitó sobre la zona, cayendo desde el cielo, abrasando todo lo que era combustible, mientras todo iba quedando sepultando debajo una capa de polvo volcánico, de tipo riolítico, de unos 3 m. de grosor.

Secciones pulidas de troncos petrificados de árboles prehistóricos, hallados en el barranco Borókás y expuestas en el Parque Paleontológico de Ipolytarnóc. Arriba, a la derecha, la sección vertical de un tocón fósil, mostrando el veteado característico de la madera silicificada, y abajo, a la izquierda, la sección horizontal de un tronco, mostrando los anillos concéntricos de crecimiento anual. Fotografía original de Robert Németh
Imagen: Paleontological ehxibition site


Tras la erupción volcánica, la mayor parte del tronco del árbol gigante y de los otros ejemplares de porte más más modesto, que han sido hallados posteriormente, dispersos por toda la zona del barranco de Bórokás, quedaron incluidos en una capa mixta de transición formada por restos vegetales, suelo forestal, arena y ceniza volcánica, situada sobre una capa de piedra arenisca, depositada algunos pocos millones de años antes, que contiene huellas de vertebrados terrestres y dientes de tiburón, depositada con anterioridad a la erupción volcánica, y bajo una capa de toba volcánica pura, situada en la parte alta que se acumuló por efecto de la fase final de la "caída pliniana" de cenizas volcánicas, sobre los árboles ya derribados y mezclados con material del suelo del bosque. 

Fragmento de toba volcánica con algunas impresiones o huellas de diversos tipos de hojas de diferentes plantas que convivían con el árbol gigante. Su identificación botánica permite conocer la composición botánica de la comunidad forestal dominada por el pino gigante
Imagen: Pangea

Un estudio detallado de las características histológicas y botánicas de los tejidos de diferentes clases de troncos de árboles petrificados y las impresiones fósiles de hojas en la toba volcánica, realizado recientemente, reveló que en la antigua selva subtropical en la que vivía el árbol gigante de Ipolytarnóc, hace unos 20 millones de años, también coexistían con él otras 7 especies más de coníferas arbóreas, 4 especies de árboles caducifolios y 1 especie de palmera. 


Continuará próximamente...
 

jueves, 17 de agosto de 2017

El registro fósil en la heráldica municipal europea (20)

por Heraclio ASTUDILLO-POMBO,  Universitat de Lleida.


Blasones municipales, de algunas localidades europeas que se muestran orgullosas de su patrimonio paleontológico. (Continuación, parte decimonovena).


Introducción

Tal como ya se comentó en la última entrada dedicada al tema de la heráldica paleontológica, cuando se llevan más de 60 blasones municipales con representación del patrimonio paleontológico reunidos y estudiados y se compara la proporción de los diversos motivos heráldicos de tipo paleontológico, se puede ver muy claramente que la proporción de representaciones de animales fósiles es enormemente superior a las de representaciones de vegetales fósiles. De esta comparación se puede concluir que cuando a los fósiles se les debe otorgar una función heráldica emblemática, los fósiles de vegetales no han resultado tan atractivos como los fósiles de los animales. Por lo tanto a la hora de elegir restos fósiles como un elemento emblemático representativo del territorio y como recurso heráldico de la localidad, los fósiles de animales, generalmente, parecen haber resultado mucho más interesantes. Esto tampoco resulta nada sorprendente, pues sucede lo mismo en cuanto a la preferencia entre animales o vegetales como mascotas. La explicación a esta preferencia es muy simple, los humanos como animales que somos, en una abrumadora mayoría de los casos, sentimos una mayor afinidad y simpatía por los animales que por los vegetales.
En el caso que hoy se presenta se pretende demostrar que en algunas ocasiones sucede todo lo contrario. En este caso un singular vegetal fosilizado consiguió el consenso general necesario para que se convirtiera en parte importante del escudo cívico y en el emblema de la localidad. Un  enorme tronco petrificado de un pino gigante prehistórico, hallado en el territorio del municipio de Ipolytarnóc (Hungría), ha conseguido gozar de una gran simpatía popular en tiempos recientes que estuvo precedida de un considerable prestigio científico internacional, en el pasado, lo que unido a las cualidades del árbol fósil, contribuyó a despertar una enorme avidez regional y mundial por hacerse con alguno de sus pedazos, motivada por unos fines tan variopintos como injustificados. Finalmente, en el siglo XXI, el recuerdo popular y la justa valoración patrimonial del impresionante ejemplar fósil, le permitió gozar del merecido reconocimiento social que le haría ser merecedor de convertirse en emblema heráldico municipal.


El gigantesco tronco fósil de Pinuxylon, del Mioceno, de Ipolytarnóc (Hungría) (1ª Parte)
 
Situación y estatus

Ipolytarnóc es un pueblecito húngaro, situado en la región norteña de Nógrád, en el límite fronterizo de Hungría con Eslovaquia. En el territorio del pequeño municipio, a unos 2 km al este del núcleo urbano, existe un importante yacimiento paleontológico descubierto para la ciencia en el siglo XIX. Está protegido desde 1944 por su gran interés científico y a finales del siglo XX dio lugar a la creación de un espacio científico y educativo, hoy conocido popularmente como "la Pompeya prehistórica magiar" y oficialmente como la Reserva Natural de fósiles de Ipolytarnóc. En 1995 se le declaró  "parte del Patrimonio natural pan-europeo" y es candidato a ser declarado "Patrimonio Mundial" de la UNESCO. Los senderos de estudio geológico que existen en la zona protegida, también forman parte del Parque Nacional de Bükk  que, a su vez, forma parte del Geoparque internacional transfronterizo denominado Novohrad – Nógrád Geopark inaugurado en 2010 y que es gestionado conjuntamente por los gobiernos de Eslovaquia y de Hungría.

El blasón municipal

El escudo cívico municipal de Ipolytarnóc aparece dividido horizontalmente en dos campos heráldicos. En el superior, sobre fondo rojo, está representada en amarillo la fachada principal de la iglesia de Santa Ana, situada sobre la colina central del grupo de tres que alude a aspectos históricos y culturales. 



Aspecto del escudo municipal actual de la localidad húngara de Ipolytarnóc. 
Imagen: National and Historical Simbols of Hungary

La parte del escudo municipal que más nos interesa, para nuestros fines cultural-paleontológicos, es el campo inferior. Está subdividido horizontalmente en tres zonas. La franja ondulada superior, de color azul, representa el curso del río Ipoly que da nombre a la población. La zona central de color gris, representa la capa de toba volcánica que sepultó la selva prehistórica subtropical que existió en este lugar. El árbol verde con aspecto de conífera navideña, representa al árbol cuyo tronco fosilizado gigante fue hallado semienterrado en este material en 1836. La zona inferior, de color verde, con una concavidad en el medio, sobre la que está el árbol suspendido, representa el barranco de Borókás, lugar en donde afloró naturalmente y fue hallado el tronco gigante petrificado.
Diseñadores: Kiss Kálmán y Renáta Zsélyi
La fecha de aprobación legal del escudo municipal actual es la del 31 de Julio del año 2005


Historia y circunstancias del descubrimiento popular del árbol petrificado

La historia del tronco petrificado del árbol gigante de Ipolytarnóc, se dice que comenzó hacia finales del siglo XVIII, cuando empezaron a hacerse visibles dos grandes piedras alargadas que sobresalían en la superficie del terreno, casi alineadas. Solamente los pocos pastores, buhoneros y cazadores que se veían obligados a cruzar por aquel lugar presenciaron el lento afloramiento de los primeros años, los cuales no le dieron mucha importancia al fenómeno del inicio del afloramiento.

El tronco petrificado del árbol fósil no cobró verdadera importancia social hasta que algunos años más tarde, en los primeros años de la década de 1830, cuando de forma natural e inesperada, quedaron completamente expuestos a la vista de todos los que pasaban por el lugar, dos grandes cilindros aplastados de piedra de superficie oscura y agrietada. Antes del inicio del siglo XIX, las dos porciones del tronco habían resultado totalmente invisibles debido a que siempre había permanecido completamente ocultas, sepultadas bajo la cubierta del blando terreno constituido por cenizas volcánicas consolidadas, formando una capa de toba volcánica

La clave de su rapidísimo afloramiento natural fue su situación dentro de la capa de blanda toba volcánica sobre la que discurría el lecho del torrente del barranco de Borókás, al cual en condiciones lluviosas excepcionales no le costo mucho tiempo remover y arrastrar una gran cantidad del material que los ocultaba. El barranco de Borókás es tributario del río Ipoly, estando situado en la periferia de Ipolytarnóc y de otras poblaciones que hoy día son eslovacas, muy cercanas, como Losonc y Vidiná, razón por la cual era, relativamente, frecuentado por algunos habitantes de estas 3 poblaciones. La rapidísima exhumación natural, de unos enorames cilindros algo aplastados de piedra de superficie oscura y agrietada, sólo fue presenciada por los pastores, buhoneros y cazadores que en sus correrías se veían obligados a pasar por aquel lugar de tránsito dificultoso, cuando iban de Losonc o Vidiná hacia Ipolytarnóc o viceversa. Ellos fueron los primeros habitantes de la zona que empezaron correr la voz de la sorprendente aparición de aquellos dos enormes objetos y a difundir la "súbita aparición" a muchos otros habitantes de la comarca, algunos de los cuales debieron acudir al lugar para presenciar con sus propios ojos aquella maravilla.

Grupo de pastores húngaros abrevando a su rebaño en una granja, fotografiados en 1909. Gente como esta fueron las primeras personas que conocieron la existencia del tronco gigante de Ipolytarnóc.
Imagen: Places and People / Pinterest


La sorprendente aparición de aquellos dos enormes y extraños objetos de piedra, de sección elipsoidal, sucedió en un determinado año, no concretado, posiblemente hacia finales del primer tercio del siglo XIX, en que se produjeron varios episodios consecutivos de fuertes lluvias, con el resultado de que el blando terreno de toba volcánica que recubría el tronco fósil resultó profundamente excavado, por ser poco resistente a la erosión hídrica. Como consecuencia del efecto de una fuerte erosión pluvial sobre las laderas del barranco en combinación con otra potente erosión torrencial sobre el lecho del torrente. De manera que una serie de avenidas torrenciales, anormalmente fuertes y duraderas, hicieron aflorar varios porciones del gigantesco tronco fósil que yacían tumbadas sobre el lecho del torrente. Cuando algunos años más tarde, en 1836, el conjunto formado por las dos porciones del tronco fue estudiado por Ferencz Kubinyi constato que sumadas medían unos 40 m. de longitud y que el tronco en su base habría mediría unos 3 metros de diámetro.


Aspecto de una pequeña parte de uno de los diversos troncos silicificados de árboles existentes en el barranco de Borókás, en Ipolytarnóc, que sobresale de la capa de toba volcánica que lo engloba. Obsérvese la deformación de la sección del tronco, originalmente más o menos circular, por el aplastamiento causado por el peso de los sedimentos acumulados encima.
Imagen:
ReservaNatural de Fósiles Ipolytarnóc


Como ya se ha dicho anteriormente, el momento en que se produce el verdadero descubrimiento popular del tronco gigante de Ipolytarnóc, coincide con un año de lluvias excepcionalmente fuerte y persistentes, cuya rápida e intensa erosión del terreno produjo la excavación natural del tronco fósil, conduciendo a su total afloramiento, prodigioso hecho geológico que sucedió, quizás a principios de la década de 1830...

Las personas más observadoras que frecuentaban el lugar se dieron cuenta de que algunos de los fragmentos pétreos desprendidos de los grandes cilindros aplastados, en determinados lados presentaban un diseño particular y de tonalidades contrastadas que coincidían con el veteado característico y el anillado típicos de la madera. Estas sencillas observaciones les permitieron constatar que el enorme puente de piedra parecía estar hecho de madera petrificada y por lo tanto que, en realidad, era un gigantesco tronco de árbol petrificado que se había desplomado sobre el barranco.
Por esa misma época debió otorgársele el nombre particular con el que se le empezó a denominar en la comarca: "Gyurtyánkő-lóczának", con el significado aproximado de "pasarelas de troncos de carpe petrificados". Quizás una identificación popular tan específica, atribuida a la madera petrificada, se debiera al hecho de que en la zona del barranco de Borókás, en aquella época, hubiera grandes carpes vivientes que indujeran a pensar que debía tratarse del mismo tipo árbol y se realizara una extrapolación de sentido común.


Aspecto de un gran carpe en un bosque mixto de las montañas Brohm, en Rothemühl, Uecker-Randow, en Pomerania Occidental, en el norte de Alemania.
Imagen: Wikipedia

Desde su total exhumación, hasta el momento de su descubrimiento científico, en 1836, realizado por el paleontólogo húngaro Ferenc Kubinyi, la población local había estado utilizando las diversas porciones del tronco fosilizado del árbol gigante, fundamentalmente como puentes naturales. Pues debido a su situación geográfica sobre un terreno difícil de transitar por estar abarrancado, su superficie aplanada, sus enormes dimensiones y su posición casi horizontal, resultaba un elemento muy útil para atravesar con facilidad y seguridad el barranco de Borókás, es decir, el barranco de los Enebros.
Grabado antiguo, publicado en 1850, cerca de la época de su hallazgo científico y primeros estudios. En la parte inferior se ha representando el tronco petrificado del árbol gigante de Ipolytarnóc, en su entorno natural. Atravesado sobre el barranco del torrente de Borókás, con algunas personas situadas cerca del portentoso fósil. Dibujo original de  Marko Karoly, realizado hacia 1840. (Foto: Veronika Bokor ) Imagen: 5 inutos de geología


Qué ocurr cuando intervino la fabulación mítica



Las observaciones empíricas sobre la constitución original del "puente natural de piedra" y su lógica interpretación, antes comentadas, contribuyeron a estimular la imaginación fantasiosa de algunas personas que pretendiendo explicar cómo pudo haberse formado aquel monumento natural y careciendo de los conocimientos científicos necesarios, se vieron obligadas a recurrir a la imaginación fabulosa y a los mitos generales relacionados con la religión. De esta manera surgió una leyenda popular que relataba que el origen estaba en una actuación mágica o diabólica.

"En cierta ocasión en que el Diablo (existe otra versión, más moderna, en la que se dice que fue un malvado brujo, posiblemente una adaptación de la leyenda tradicional realizada en la época comunista) pasó por aquel solitario e inhóspito lugar, descubrió que había un hermoso árbol de dimensiones gigantescas a uno de los lados del barranco, cuya enorme copa albergaba centenares de felices aves cantoras. Satán sintió envidia del enorme poder creador de Dios y de cómo lo alababan sus pequeñas criaturas aladas. Entonces se enfureció tanto ante aquella grandiosa obra del Señor que tenía plantada delante que lleno de una ira incontenible y destructora, lo empujó con sus propias manos hasta que lo derribó. Al tocar el Diablo con sus diabólicas manos 
el tronco de aquel árbol, toda la madera se convirtió en piedra, por eso cuando el tronco chocó contra el suelo se rompió en dos pedazos que quedaron atravesados sobre el barranco, casi alineados."

Inquietante ser antropomorfo y cornudo, visto a contraluz crepuscular, en un claro del bosque mientras atraviesa una zona forestal
Imagen: Sympathy for the Devil 

Además ese relato fantástico contribuyó a que  surgiera una costumbre supersticiosa entre la gente más fantasiosa y crédula de las poblaciones de los alrededores. La de tocar aquel tronco del árbol petrificado, mágicamente, mientras se le pedía un deseo. Según la creencia popular, durante su transformación mágica en piedra, la piedra del tronco del árbol petrificado habría quedado impregnado de la magia que lo había transformado en piedra. Por efecto de esta magia atrapada y contenida por el tronco, las personas buenas y de corazón puro obtendrían el deseo que le habían solicitado, mientras que las personas malvadas y de corazón corrompido, solamente conseguirían que su corazón se endureciera y se hiciera insensible al amor y, además, que su petición se volviera en contra de sus malvados o egoístas intereses.....


Continuará, próximamente